domingo, julio 27, 2008

Los caníbales

Acabo de tener un sueño de argumento de película durante la siesta. Comienza tal como sigue.

En una ciudad extraña, un hombre ha conseguido que se instaure la prohibición de comer carne humana. Ese hombre, es hijo del jefe del templo que promulga el canibalismo, pero a raíz de la muerte de su familia (mujer e hijos) y posterior cena de la secta de su padre con sus cuerpos, decidió enfrentarse a ellos -pienso que las leyes contra el asesinato no están muy claras en aquella ciudad-.

La prohibición entra en vigor a las tres de la tarde y el protagonista del sueño sabe que tiene las horas contadas. Seguro que van a atacar su casa para matarle como venganza por haber conseguido la prohibición de la carne. Las autoridades no van a hacer nada por ayudarle, porque muchos miembros de la ley están en contra de la ley y por consiguiente, también desean matarlo.

Entonces, el protagonista se refugia en su casa, esperando el momento del ataque que no tarda mucho en producirse, empezando a llegar hermanos y primos suyos por diferentes puntos de la casa, que esta protegida para estos casos. Uno a uno van muriendo todos los que intentan entrar en la casa.

Aquí el sueño cambia, el punto de vista no está con el protagonista, que ha muerto, sino con su padre, el jefe del clan caníbal, que ha conseguido entrar en la casa y dar muerte a su hijo. El jefe, esta en el salón contemplando el cuerpo de su hijo, que yace en el suelo, sangrando. Mientras espera algunos miembros más de su familia entran por el suelo o por la puerta principal, que ha sido destrozada por una explosión -la defensa de la puerta principal causo que el hijo se descuidara y que su padre pudiera entrar por el techo para pillarle desprevenido.

Ahora hay otro cambio de plano. Nos encontramos en un restaurante horas antes de la prohibición, donde un reputado miembro del clan -un juez- se está dando el último atracón de carne humana. Allí esta comiendo como si su vida se le fuera en ello. resbalándole la carne por la cara y comiendo con las manos de una fuente carne picada. El metre del restaurante se le acerca para decirle que ha llegado la hora, que ya no puede comer más carne. El juez, mosqueado, se aleja de la mesa y se va al templo, dejando la comida en sus platos. En ese momento, en un ataque de locura, el metre, en un gesto de -que rica esta la carne humana- coge varios puñados de carne y se lo refriega por los rizos de su pelo formando una plasta compacta. Todos los comensales se quedan atónitos ante lo que hace el metre, pensando que es un depravado. Quien interpreta al metre es David Hasselfof, el del coche fantástico.

Después de esto, la película va a las afueras del templo, donde miles de personas estan entrando, para comer, una vez que la prohibición halla entrado en vigor. Allí dentro la ley no puede hacer nada. Es un recinto privado.

Volvemos a la casa de nuestro moribundo protagonista. Su padre, sentado en una silla, continua contemplándole y empieza a recordar una conversación que tuvo hace tiempo con el farmacéutico en la que le preguntaba sobre las medidas de seguridad que tomaba en sus farmacias. El farmacéutico le respondió que él no tenía ninguna medida de seguridad, simplemente se había tomado la molestia de hacer ver a los ladrones que no merecía la pena robarle. Había dejado claro a los delincuentes que en sus farmacias no había seguridad de ningún tipo, pero ladrón que entraba, lo pagaba caro posteriormente, simplemente era hombre muerto después.

Esto le daba que pensar al gran jefe hijo de puta, puesto que consideraba que había sido demasiado sencillo entrar en la casa de su hijo y matarlo. Justo en este instante entraba otra sobrina con un niña chica -cuatro años- diciendo que había traído la cena y que mejor sitio para hacerla que en la casa de su primo, el prohibicionista.

El gran jefe se da cuenta de que algo malo iba a ocurrir. su hijo era muy listo, les había vencido y si no se daba prisa, morirían todos. Las puerta del templo caníbal se estaban cerrando. La hora de la prohibición se había cumplido. En plena fiesta de la carne, el templo se convertido en una barbacoa gigante, alguien había puesto unos conductos de gasolina y había bloqueado las puertas por fuera. Todos los seguidores de la secta murieron aquella tarde. La casa del protagonista volaba por las aires. Sólo escapó su padre, que salió corriendo justo a tiempo de la explosión. Intentaba avisar a los suyos de que salieran del templo, pero no llegaba a tiempo. Sus puertas estaban cerradas, no dejaban entrar a nadie. En sus intentos desesperados por entrar, moría en el incendio.

2 comentarios:

  1. En verano, las comidas copiosas provocan este tipo de sueños. Te aconsejo una ensaladita o un gazpachito suave de vinagre y pepino...

    Aunque está bien el sueñecillo este... tá bien...

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  2. Queva hombre, no comi tanto el domingo. Un filetito a la plancha con papas fritas. Algo suave.

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