A mis padres les costaba un piso dos años íntegros de sueldo. Ahora cuesta quince. La gente no podía comprar, así que pedían dinero prestado. Los bancos lo dejaban. El dinero que dejaban era el que ahorraban sus clientes y que ingresaban en sus libretas de ahorro. Los clientes dejaron de ahorrar, pero siguieron pidiendo dinero para comprar pisos. Los bancos continuaron hasta que se quedaron sin nada que prestar. Es normal que los clientes teman por sus ahorros, puesto que los bancos los prestaron a otros que no pueden devolverlos.
Fin de la historia.
Fin de la historia.