Hay en los que ahora van a la Alameda una especie de falsedad e hipocresía, que no se me quita de la cabeza. Muchos de los que ahora van por allí, eran los mismos que iban hace 15 años, para celebrar botellonas, fumarse sus porritos o salir de los bares a las seis de la mañana, borrachos como cubas.
Luego dejaron de ir, era un sitio indigno para ellos y sus hijos. Pero ahora, al tranformarse, a golpe de edicto municipal antibotellón y anti lo que huela a fiesta que molesta/ofenda a los buenos vecinos, en un sitio de terrazas y cafés, la alameda vuelve a gustar.
Todo cambia en esta vida.
Luego dejaron de ir, era un sitio indigno para ellos y sus hijos. Pero ahora, al tranformarse, a golpe de edicto municipal antibotellón y anti lo que huela a fiesta que molesta/ofenda a los buenos vecinos, en un sitio de terrazas y cafés, la alameda vuelve a gustar.
Todo cambia en esta vida.